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Verde, Celeste, Calidad o Raíces: La misma mica con diferente montera

11 ago
3 min de lectura

La política guatemalteca tiene una extraordinaria capacidad para convertir las contradicciones en estrategia y, cuando eso no funciona, en discurso. El episodio que involucra al Partido Verde, Delia Bac, a Ciudadanía Celeste y al abogado Gregorio Saavedra es un buen ejemplo de ello.


El Partido Verde, por resolución de la Sala Sexta del Tribunal de lo Contencioso Administrativo de Guatemala, derivada de un recurso presentado por el Partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), tuvo que modificar su nombre y su símbolo. Hasta allí, se trata de un asunto político y electoral que puede discutirse. El problema aparece cuando quienes durante un tiempo construyeron parte de su discurso sobre la crítica a determinadas prácticas de la vieja política, terminan buscando un espacio dentro de aquello que antes cuestionaban.


Fotografía de La Hora.gt
Fotografía de La Hora.gt

En una entrevista que se le realizara a Saavedra en el programa Con Criterio, Saavedra intentaba justificar la situación frente al Partido Verde. El problema es que su explicación resulta difícil de conciliar con sus propios actos y declaraciones. Saavedra había publicado un video en sus redes sociales indicando de forma tajante que la unión con el Partido Verde no era real, pero durante la entrevista expuso una situación completamente diferente, llegando al punto de aceptar estar afiliado a dicha agrupación política. ¿Hágame el favor?

Al parecer, Saavedra se subió hace algunos meses a un ladrillo del cual ya no se pudo bajar y de tanto tiempo de estar allí subido, se mareó.




Lo anterior lo menciono debido a que Saavedra sobreestimó su nivel de posicionamiento político. Quizá llegó a pensar que su capital político era suficiente para escoger desde una posición de fuerza quién debía invitarlo, en qué condiciones y desde qué vehículo electoral. Ese es el motivo y la razón por la cual no aceptó la invitación de Raíces, ya que él quiere ser la cabeza de león, pero por chuco, no llegará ni a cola de ratón.


Pero hay una ironía que no debería pasar inadvertida: para esta situación, Raíces y el Partido Verde son exactamente lo mismo. Si la objeción era subirse a una determinada estructura política, cambiarle el nombre al vehículo no modifica necesariamente la naturaleza del viaje, mucho menos la de los choferes del vehículo.


Y como si todo lo anterior fuera poco, Pedro Trujillo, durante la entrevista, termina poniéndole la tapa al pomo. Frente a los argumentos de Saavedra, le señala directamente que está diciendo tonterías y cuestiona la versión que pretende construir. Más allá de las formas, Trujillo termina colocando sobre la mesa la contradicción fundamental: hubo un acuerdo y hubo un entendimiento político; lo que aparentemente no funcionó fue el relato con el que se pretendió presentarlo.


Saavedra, no solo lleno de adrenalina por los evidentes nervios que lo hacían trastabillar y responder al mejor estilo de Cantinflas, intentaba tristemente regresar el debate hacia el tema de las comisiones de postulación, un tema que en otro momento pudo darle algo de notoriedad, pero que poco o nada tenía que ver con el triste episodio del día de ayer lunes diez de agosto del año de nuestro Señor 2026.


No tengo ninguna duda de que la política puede cambiar las alianzas, al fin de cuentas ese es el fin de la política. Lo que no debería cambiar tan fácilmente son los principios que justificaron esas alianzas antes de que la política inicie.


El problema, entonces, no es solamente Delia Bac, el Partido Verde, Ciudadanía Celeste o Gregorio Saavedra. El problema es la vieja enfermedad de la política guatemalteca: construir un discurso de renovación para terminar reproduciendo aquello que se prometió superar.

Finalmente espero que Saavedra haya aprendido una lección sobre lo sucedido el día de hoy: antes de decidir quién conduce el vehículo - en este caso político - conviene asegurarse de que realmente tenga a donde ir.

 
 
 

3 comentarios


Al final, lo que más llama la atención no es con quién se alió, sino la diferencia entre lo que se dijo antes y lo que se está haciendo ahora. La política puede cambiar de rumbo, pero cuando el discurso cambia según la conveniencia, es normal que la gente cuestione la credibilidad.

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Creo que lo más interesante de todo esto no es tanto el partido, el nombre o quién terminó con quién, sino la falta de coherencia que puede llegar a existir entre lo que se dice y lo que se hace. Todos podemos cambiar de opinión o de camino, eso es totalmente válido, pero también es importante ser claros y mantener los principios que uno defendió desde el inicio. Al final, cambiarle el nombre al vehículo no necesariamente cambia el rumbo. Y creo que eso es lo que deja pensando este artículo: más que ver quién tiene la razón, habría que preguntarnos si realmente estamos viendo un cambio o simplemente lo mismo de siempre con diferente nombre.

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Me pareció interesante la reflexión porque muestra que en la política no solamente debemos fijarnos en los nombres de los partidos o en los cambios de alianzas, sino también en la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Considero que los principios y las acciones de quienes participan en política son importantes para generar confianza en la población. 

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